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La vuelta de los jóvenes al pueblo, una bomba de oxígeno para el comercio local

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La vuelta de los jóvenes al pueblo, una bomba de oxígeno para el comercio local

La precariedad salarial, la inestabilidad laboral o los desorbitados precios del alquiler han empujado a miles de jóvenes a empezar a plantearse su vida en el pueblo que los ha visto crecer y volver a "lo de siempre". Lo que pasa es que le han puesto nombre a las cosas que son de siempre, ahora son cosas vintage.

Con "lo de siempre" nos referimos, por ejemplo, a comprar en las tiendas de las calles del pueblo y ayudar así a generar empleo en personas que te han visto crecer y te conocen. Comprando en el comercio local recibes un trato cercano y una atención personalizada y, además, los productos que nos ofrecen son más exclusivos y están más especializados que en las grandes superficies. 

El consumo en el comercio local va a repercutir en la calidad de vida del propio comprador, ya que el dinero que invertimos continúa circulando por el entorno más próximo de este.

Asimismo, las tiendas de pueblo actúan como instrumento de fomento de la sostenibilidad, por muchas razones. No solo ofrecen productos naturales y que evidentemente son de proximidad, evitando así la contaminación que supone que los transporten de otros países, si no que comprar en estas tiendas supone emisiones 0, ya que se evita el uso del coche al poder acceder andando a ellos. 

Las diferentes crisis que se han ido sucediendo durante los últimos 15 años han hecho que nuestros gustos, aficiones e incluso nuestra idea de vida perfecta haya cambiado. Hace un tiempo los jóvenes salían del pueblo en busca de oportunidades laborales en grandes ciudades donde cumplir sus sueños y llegar lejos en el ámbito laboral. Pero, hoy en día, los atascos mañaneros, las aglomeraciones en el metro y las cañas a 4€ ya no hacen tanta gracia.

Ahora prefieren lo que ellos llaman vintage, pero toda la vida se ha llamado "vida de pueblo". Leer el periódico y enterarte de lo que pasa en la calle de al lado, salir a andar por la montaña de detrás de tu asa, ir a recoger tomates al huerto o "coger prestado" el capazo de rafia de tu abuela, sabiendo que no lo vas a devolver porque ha vuelto a poner de moda, para ir al mercado. 

Los tiempos han cambiado, y por suerte, nosotros con ellos.